lunes, 21 de julio de 2014

¿Cómo influyen tus creencias en tu alimentación? Por Tatiana





Vivimos nuestra realidad basándonos en lo que creemos. Todo acaba reduciéndose a nuestras creencias. Entonces ¿de dónde vienen nuestras creencias?: De lo que dice la ciencia, la historia, la religión, la cultura, los medios de comunicación, nuestra familia y antepasados, de nuestras emociones ,condicionamientos y asociaciones…


Las creencias se desarrollan a partir de nuestra experiencia personal, según cómo resolvemos nuestras necesidades emocionales, y ésto se ve influido por la familia en la que hemos nacido, la sociedad en la que vivimos y sus medios de comunicación. La cultura a la que pertenecemos, nuestro mundo, nos dice cómo ha de ser nuestra vida. La influencia comienza antes de que los niños nazcan, en la concepción y gestación.

Del nacimiento a los dos años la actividad del cerebro genera ondas delta, y de los 2 a los 6 ondas theta. Ambas ondas producen estados sugestionables que almacenan la información y lo registran todo sin filtros.
Nuestros cerebros hasta los 7 años están en un estado hipnogógico o de ensoñación donde los comportamientos, creencias y actitudes que observamos y percibimos en nuestros padres y cuidadores se graban como las rutas sinápticas inconscientes. Después estas rutas controlan nuestra biología durante el resto de nuestra vida hasta que las observamos y las hacemos conscientes. De adultos tenemos creencias que se formaron siendo niños.
Muchas de nuestras actitudes hacia la comida y hacia nuestro cuerpo se basan en grabaciones de estos primeros años.
De pequeños podemos escuchar de nuestros cuidadores “Hay que dejar el plato limpio”, “come espinacas para que tengas mucho hierro y seas muy fuerte”, “sin carne no tienes hierro”, “hay niños en Africa que mueren de hambre y tú no te comes todo”, “si te portas bien te doy una chuchería”, “como has sido malo no tienes postre”
En la adolescencia somos más receptivos e influenciables a los mensajes sobre nuestro cuerpo y a nuestra imagen corporal. Las creencias de los familiares, los amigos y la publicidad se pueden  grabar en nosotros: “La delgadez es sinónimo de salud y belleza”, “Si como un yogurt light adelgazo”, “comer light es cuidar tu salud”, “las mujeres sólo son atractivas si están delgadas”, “si comes pan engordas”, “el chocolate hace que te salgan granos”, “En nuestra familia todos tenemos el colesterol alto y no podemos comer grasas “. Sin una actitud crítica que observe cuáles son los intereses que hay detrás de cada uno de los mensajes de los medios de comunicación sobre la belleza, la delgadez y los alimentos que debemos consumir, nuestra relación con el cuerpo y la comida puede resentirse. La publicidad se remonta a la antigüedad, se conocen anuncios de la época de la antigua Roma. Su objetivo es grabar creencias en nuestro inconsciente que nos lleven a consumir sus productos que se asocian al éxito, el reconocimiento, la belleza, ser especial, diferente…
Lo bueno, lo malo, los juicios, lo que nos gusta y lo que no nos gusta, las pautas de conducta de nuestros cuidadores…todo queda almacenado. Las creencias de otros se convierten en el fundamento de lo que consideramos verdadero con respecto a nosotros mismos y al mundo.
Podemos tener creencias limitantes respecto de nosotros mismos, de lo que nos sienta bien o mal respecto a la alimentación, de cómo es nuestro metabolismo y nuestra fuerza de voluntad para conseguir las cosas que deseamos. “Tienes el mismo metabolismo que tu tia, tu gordura es genética”
Todas las creencias se viven como certezas, son una película mental de cómo somos, como seremos. Y son los cimientos para construir nuestra identidad. Las creencias no son ni ciertas ni falsas: son creencias, y todos tenemos las que necesitamos en cada momento.
No es suficiente que una cosa sea comestible para que sea consumida: son necesarios unos condicionamientos culturales. Lo que nos gusta, lo que preferimos en la alimentación, está determinado por las contingencias ambientales, políticas  y económicas , pero sobretodo por los ritos sociales, por los valores éticos, religiosos, espirituales…
Si creemos que los vegetarianos son personas especiales, más espirituales y bondadosas, y nosotros deseamos ser así comeremos de ese modo, y podemos no tener en cuenta los mensajes de nuestro cuerpo. ¿Por qué elijo un estilo de alimentación?
Algunos alimentos están asociados a momentos de afecto con seres queridos y cuando ingerimos esa comida nos sentimos como entonces. Si nuestra abuela nos daba leche calentita con miel para dormir, y junto a esa leche recibíamos su ternura y presencia, ese vaso con miel será para nosotros un bálsamo de paz y amor.
Para otras personas la leche se relacionará con la madre, y según sea el vínculo con ella así de beneficioso o no será ese alimento. No hay verdades absolutas en las formas de alimentarnos. Hay estudios documentados que consideran que la leche es beneficiosa para la salud durante toda la vida, y estudios que documentan todo lo contrario.  ¿Crees que es necesario y beneficioso eliminar  la leche de vaca de tu dieta? ¿Es un alimento sano o perjudicial?¿Cómo lo sientes tú? Puedes escuchar “Sin leche tus huesos se descalcifican”, “Es la industria láctea la que promueve el consumo de leche”, “La leche es la principal causa de alergias en niños y adultos”, “La leche de soja es más sana que la leche de vaca”… Observa, escucha tu cuerpo: ¿Qué te sirve a ti? ¿Por qué comes lo que comes?
Los alimentos tienen generalmente unos valores añadidos por las creencias de nuestra cultura o nuestra religión. Los hindúes no comen carne de vaca y los judíos no toman carne de cerdo. Comer puede ser pecar en las épocas de ayuno cristianas como La Pascua, o musulmanas como en el Ramadán.
Desde finales del siglo III se estableció el ayuno como práctica religiosa Cristiana para purificar nuestro corazón ante Dios. A partir del año 2000, la cultura de la delgadez añadió nuevos sacrificios, esta vez el ídolo es la silueta perfecta, que te traerá paz interior y aprovación social.
Para cambiar, para avanzar, para ser libres, hemos de abrir nuestra mente y estar dispuestos a cuestionarnos nuestras creencias, por muy útiles que hayan sido hasta ahora. Está en nuestra mano decidir si seguimos respondiendo en base a estas programaciones o decidimos llevar la luz de la conciencia a esas zonas oscuras. Ser consciente es un acto de valentía, que conlleva en ocasiones abandonar la lealtad familiar y crear nuevos modelos y filosofías de vida.

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