jueves, 22 de septiembre de 2016

Cuando nuestro ser pide a gritos un cambio, debemos dárselo.


Muchas veces nuestro ser se manifiesta de múltiples maneras, implorando porque tomemos acciones, que tomemos las decisiones que nos posicionen donde queremos realmente estar. Y nosotros muchas veces dejamos pasar este clamor por múltiples factores, pero principalmente por miedo.
Muchas veces tenemos claro cuándo ha sido suficiente, cuándo ya tenemos que partir, que cambiar de trabajo, cuando tenemos que mudarnos o tomar alguna acción de cambio que nos conduzca en otra dirección. Pero postergamos la decisión por muchas variables.
Debemos considerar que si bien es cierto que todo cambio trae consigo un riesgo, también es cierto que si no nos arriesgamos nos limitamos la posibilidad de ganar… Sí, también de perder, pero en este caso es relativo, porque ya quedarnos en nuestra zona de relativo confort es en sí mismo una pérdida.
Todos los cambios, aún los más ansiados, llevan consigo cierta melancolía; porque aquello que dejamos es una parte de nosotros mismos: debemos morir una vida para entrar en otra.  Anatole France
Nadie debería tomar las decisiones trascendentales de nuestra vida por nosotros, esto debe ser de absoluta responsabilidad propia y por ello no debemos sentarnos a esperar por la aprobación o el consentimiento de alguien para irnos tras lo que nos haga feliz, por grande o minúsculo que parezca.
Nuestro tiempo es limitado en este tránsito y un malgasto de él es el peor atentado que podemos hacer en nuestra contra… Por lo que si no estamos haciendo lo que nos gusta, lo que nos nutre o las cosas hacemos van perdiendo valor, tenemos que generar cambios, cambios que comienzan en nosotros mismos.
Debemos ser capaces de entender cuándo y cómo generar cambios, a veces tenemos la vida que soñamos y nos sentimos inconformes y esto es el resultado de la forma en la cual estamos viendo la vida, en qué nos estamos centrando, muchas veces tenemos mil bendiciones y nos enfocamos en el minúsculo punto que nos falta y allí comenzamos a sentirnos infelices.
Ver la vida desde el agradecimiento nos hace tomar decisiones más ligadas al corazón y no aventurarnos a seguir nuestro ego. A veces no queremos dar más, queremos librarnos de responsabilidades y queremos cambios que nos hagan la vida más sencilla, pero por lo general en estos casos los cambios que debemos hacer es de creencias y de pensamientos. Afrontar situaciones no siempre es una tarea grata, pero no debemos evadirlas, sino cambiar la perspectiva que tenemos de nuestra participación.
Los cambios que generemos en nuestra vida deben estar tomados desde la consciencia, no desde la comodidad. Beneficiarnos y beneficiar a la mayoría de los involucrados debe ser considerado. Los cambios son sinónimo de oportunidad, de apertura, procuremos que los que escojamos siempre sean para mejor y estemos conscientes de que podemos equivocarnos, que puede salir mal, pero que el que no se atreve, no conquista.
Es importante aprender a distinguir entre los caprichos del ego y lo que está asociado a nuestro propósito, que está guiado desde nuestro corazón. Evalúa tus pensamientos, canaliza tus rechazos, hazte consciente de cómo inviertes tu tiempo y tus energías y decide desde tu esencia, prestando especial atención a tu intuición. Y si sientes de corazón, que necesitas darle un giro a tu vida, no lo dudes y toma el mando.
Rincón del Tibet


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